9 Mundos, el origen, fue el punto de partida

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Nueve Mundos, el origen,fue el punto de partida. El comienzo de una historia que nacía desde algún lugar de la memoria de una niña acostumbrada a inverosímiles avatares del destino: Se enfrentará a saltos en el tiempo y el espacio, amistades peligrosas o aventuras arriesgadas. Pero sobre todo, a la incertidumbre de saber si su vida forma parte de la realidad o de la ficción. Perder la cabeza,la locura, para algunos, es solo un mal menor en este negocio.

 

Vivir sin nubes, la segunda entrega de Mentes Mecánicas, continua la historia en la cola de un famoso Centro de Realidad Virtual Implantada, llamado La Corporación. La crisis que sigue amedrentando los ánimos de la gente, el paro y la consecuente hambruna, han ayudado al desarrollo y el incremento de softwares denominados “de evasión”.
Hoy os presentamos a algunos de los nuevos fichajes que, junto a los Huérfanos Pompa de la invencible Corporación,ya sabes: Luna, Venur, Diox, Piter-ju o Maquintosh… y sus inseparables cyborgs, la van a liar para sorprender y entretener a miles de lectores en esta nueva entrega de la trilogía.

 

Se trata de algunos de los pasajeros elegidos entre millones de aspirantes a ocupar un asiento en un tren muy especial. En este momento para ellos lo más importante es salir de una realidad que, como una soga alrededor del cuello, les impide respirar . Huir es su única salida.
No se conocen de nada. No optan a nada. No se juegan nada. Lo importante es ganar la batalla con uno mismo. (o eso les harán creer).

 

“A Mina Morata la vida se le hacia muy larga. A veces se imaginaba una existencia de lujo y al pensar en ello por un momento era feliz. Después, volvía a la dura realidad acompañada de un cigarro que prendía mientras cerraba el ojo derecho en un acto reflejo. Atrás en el tiempo quedaban muchos momentos prósperos y dichosos. Pero, ahora, en medio de pedidos, a camino entre la cocina y el comedor del restaurante de comida rápida donde trabajaba, quedaban desintegrados sus recuerdos, su talento y esa belleza, que en cualquier otro lugar sería abrumadora. En cambio en el bar de carretera de Molly Barnes, toda ella quedaba emborronada en la fealdad del ambiente, los desconchones de las paredes o las bromas socarronas y picantes de los clientes. Pero algún día-solía pensar-, encontraría el modo de salir a flote de toda aquella basura y entonces, solo entonces, al emerger de la mierda, volvería a sonreír. Cada mañana era más difícil levantarse para acudir al trabajo. La carga era mil veces superior a su empeño. Daba igual, de todas maneras no le iba a llegar el dinero hasta el final del mes. Tendría que volver a lidiar con su casero, su jefa, el bochorno, las mentiras, los deseos y los cachetes en el trasero.
Pero, un día, un email en respuesta a una solicitud, iba a cambiar esa vida miserable.

 

“Todas las personas que conocieron al multimillonario Eric Weiss tuvieron la impresión de que le rodeaba una “mampara de cristal”. Allí estaba, detrás del cristal muy transparente, caminaba con elegancia, gesticulaba, hablaba: sonreía con la sobriedad lógica de alguien de su posición, y su sonrisa pegada era la única cuerda rota de una guitarra que se atrevía a sonar y enseguida desentonaba, pero se crecía ante su imperfección y se replegaba celosamente en sí mismo. Parecía decir: “Soy como vosotros. Soy uno de vosotros, río, sufro y gozo como hacéis vosotros”.
El dueño del imperio del juego y la diversión implantada, era un hombre afable, alto y flaco, que paseaba su largo cuerpo como si lo hubiera recibido de regalo …
Por primera vez en mucho tiempo, estaba emocionado. Pronto ocurriría algo que le haría inmensamente feliz. Por primera vez iba a probar de su propia medicina. Un nuevo software ya estaba preparado para él y ahora nada ni nadie impediría que se implantará uno de los programas del primer nivel y viviera por fin sus más íntimas fantasías, aquellas que hasta entonces, no había podido alcanzar, ni siquiera con su dinero.
Todo estaba bajo control.
O eso creía… “.

 

Este hombre no es un malvado cualquiera. Ni sus despropósitos o veleidades comparables a sicópatas o asesinos comunes. Su maldad va mucho más allá y traspasa los límites del mal, tal y como lo conocemos. Komputo no se arrodilla ante el mal. Komputo es el mal.
Nació durante una noche de tormenta, entre muchos dolores y maldiciones que partían del rostro desencajado de su madre, una actriz retirada, alcohólica y depresiva. “Es el mismísimo diablo”, dijeron del recién nacido las ancianas que asistieron al parto de su madre. Y no se equivocaron.

 

“Él mismo deseaba que alguien le sorprendiera durante la noche y le estrangulara silenciosamente durante el sueño.
Podríamos pensar que un sujeto así se desprecia y que por alguna extraña razón quiere que le quiten del medio. Por desgracia, nadie durante la pasada noche le había arrancado la vida así que procedió a cumplir, como siempre, con su rutina diaria…
Levián Venozza era un hombre o un diablo que desconfiaba de las máquinas con las que le tocaba convivir en su época, pero aún más de los seres humanos a quienes despreciaba con su desinterés. Parecía joven, aunque el desaliño y la falta de higiene le ponía encima diez o doce años. Eso despistaba y aturdía a cualquiera que pretendiera conocerle, que terminaba por alejarse tras una mirada desafiante o un insulto escupido a bocajarro”.
Por suerte para el mundo un mensaje recibido a través de un escueto email le hará posponer sus macabros propósitos.
Levián, un terrorista que cogerá el tren junto a un puñado de inocentes y no tan inocentes…

 

Y pronto llegaran otros, no menos interesantes…


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